© 2023 by Azminda Cancino

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Dedicado

 

A todos los que le dieron una oportunidad a mi trabajo en este 2015.

¡Ha sido un año excepcional!

 

Normalmente hago una lista de propósitos para el año que inicia, ahora quiero hacer algo diferente. Ahora les propongo ser más amoroso entre sí, más amables, y más tolerantes. Tal vez si lo hacemos, el Amor sin reglas y sin límites se sienta un poco más real, que ficción.


Les deseo la más alegre Navidad y un 2016 muy, muy feliz.

 1

 

     La nieve que cubría las calles de Chicago, esa que siempre me pareció alegre y limpia, con los niños jugando, con los muñecos de nieve adornando los jardines, ahora murmuraba nostalgia, tristeza. Eran las primeras fiestas sin Gamble. No pensé que su partida me fuera a pegar tan duro, tal vez porque no me lo esperaba... No hubo enfermedades largas, hospitales, dolencias, hasta en la forma de irse hizo un gran trabajo.

     Un día anunció que se iba a acostar temprano porque se sentía cansado, a la mañana siguiente nos despertó los golpes de Viri, frenética mi pobre niña porque el abuelo Gamble no despertaba. Alex y yo corrimos a su habitación mientras Kaira consolaba a Viri. En el corredor que nos llevaba del palacio al anexo sentí un aire frío, una niebla que me rodeo, una nostalgia que todavía habitaba en mi pecho y de la que no me podía deshacer. Aun a sabiendas de que es la ley de la vida… dolía… duele.

     Kaira hizo lo posible para que su partida no fuera traumática para los niños, que no fuera triste. Al contrario, el funeral fue una celebración de su vida, del amor que nos regaló a manos llenas y sin pedir nada a cambio. Jamás exigió un título, él era nuestro padre, y nunca pidió que le dijéramos papá. Mis hijos no esperaron a que lo pidiera, para ellos era el abuelo Gamble. El abuelo que les consentía todo, y cuando digo todo, es… era todo. No importaba el tamaño de la travesura, lo incómodo de sus pedidos, Gamble hacía lo posible e imposible para darles lo que ellos querían. Abuelo… un título que él disfrutaba inmensamente y que sé, lo hacía muy feliz.

    Charly estacionó afuera del colegio de los niños, últimamente yo era el encargado de recogerlos. Sabía que era una manera de distraerme, Kaira era especialista en crear maneras de distraerme, y pasar las tardes con los niños era una de las más efectivas, la número uno era ella misma, pero si queríamos salir a tiempo para pasar las fiestas en Dite, tenía que dejarla reinar.

     Como una ráfaga de energía vi venir a mis niños. Niños que ya no eran tan niños, Sophie estaba oficialmente en la pubertad, Gamble fue el que se dio cuenta de que nuestra pequeña princesa estaba cambiando. “Hay que tener cuidado con los niños Gardner”, me advirtió un día que Luca y Bruno pasaron la tarde con Kurt. Después de observarlos por un par de minutos me percaté de la realidad; Ellos no se fijaban mucho en ella, era ella la que los interrumpía tratando de llamar su atención. Siempre acompañada de Viri. Mi hada y mi princesa, mis niñas.

     “No, Gamble. Más bien hay que decirle a Diana, Frank, y Jasón que cuiden a sus hijos, que mis hijas están creciendo”, Gamble sonrió y se le arrugó toda la piel, cada pliegue era una muestra de las sonrisas que nos regalaba.

     — Api.

     — ¿Si? —Le contesté a Kurt mientras verificaba que Sophie y Viri se abrocharan sus cinturones de seguridad, no les gustaba usarlo, sobre todo a Viri.

 

     — ¿Puedo usar el reloj del abuelo Gamble?

 

     La pregunta golpeó mi pecho.

 

     — ¿Para qué lo quieres? —Se inquietó al escuchar mi tono de voz, inmediatamente me corregí—. Lo siento… —Me senté a su lado en la parte trasera de la camioneta, Sophie y Viri ya hablaban sin ponernos atención—. ¿Para qué lo quieres, Bahamut? —Sonrió al escuchar el apelativo. Bahamut era el rey de los dragones buenos, ya teníamos a la princesa, al hada, alguien tenía que ser el dragón, y Kurt llenaba el papel perfectamente -era un pelín mal encarado, muy como Alex-.

     —Hoy me toco ir con la psico de los “diferentes”.

     Los dos volteamos los ojos al cielo, Kaira era muy necia e insistía en que no perdieran su cita semanal. Era completamente innecesario que Kurt, Sophie o Viri fueran al psicólogo, mis hijos eran los más “normales” de su clase, el 90% de los padres de sus compañeros estaban divorciados, separados o peleando como perros y gatos, mis hijos eran de los pocos que tenían una familia unida.

     — ¿Ahora qué dijo la Psico?

     —Que luego de un tiempo, un tal tiempo de duelo, voy a empezar a sentirme mejor, que voy a poder recordar todo lo bueno que compartí con el abuelo. Que, en vez de olvidar, recuerde que no hay nada más hermoso que el amor, y el amor por un abuelo, es muy lindo. Que desde donde esté, seguro que es muy feliz por saber que lo quise mucho —Fue inevitable que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Mi hijo se acercó y las limpió con el dorso de su mano—. También dijo que el dolor va a pasar… —Prometió mirándome a los ojos—. Que se cumplió la ley de la vida, y que diera gracias de que pudimos decirle adiós a él, porque lo terrible es cuando es al revés.

     Dioses de los fregados chamacos sabiondos, ¡gracias por premiarme con tres de ellos! Lo abracé recostando mi cabeza en la suya, mi hijo estaba creciendo, más valía aprovecharme ahora que todavía se dejaba abrazar.

     — ¿Y el reloj qué tiene que ver?

     —Nada, solo que me gustaría tenerlo. El abuelo lo cuidaba mucho y yo lo puedo cuidar por él, si se lo dan a Sophie o a Viri, se va a perder.

    

     Lo primero que hice llegando a casa fue entregarle el reloj a Kurt, sabía que él cuidaría bien de la posesión más preciada de mi padre.

 

 

 

2

 

     — ¿Tu hermana?

     Escuché que le decía Diana a Kai por el altavoz de su teléfono. Me quedé en la puerta espiando a mi bruja, me fascinaba verla en modo multitarea; hablaba con Diana, tecleaba como loca, y veía a Alex desnudarse enfrente de ella.

     — Te he visto coger como maniática, no puedo decir que eres mi amiga.

     — ¿Entre hermanas es aceptable verse coger?

     — Entre hermanas es aceptable todo, pregúntale a mis hijas —Alex cerró la laptop que Kai mantenía entre las piernas reclamando su total atención—. Me tengo que ir… te veo en unos días —Kai no esperó a que Diana dijera “adiós”, cortó la comunicación y se levantó dejando la computadora y teléfono a un lado, ahora solo existía Alex. Por un segundo tuve la intención de unirme al juego, pero algo me detuvo, Kai también lo sintió.

     —Estoy preocupada por Owen.

     Me escondí atrás de la puerta, era un cobarde, un mezquino por solo pensar en mí, tenía semanas sin tocar a Kaira, obviamente era de preocuparse, yo siempre estaba encima de ella. Afortunadamente contaba con Alex, rodeó la cintura de Kai, e hizo que recargara la cabeza en su hombro, el suspiro de mi bruja llenó mi pecho de un nudo hecho de vergüenza, pena, dolor...

     —Siempre es amargo decir adiós, cariño. Sobre todo, a alguien que se quiere tanto como nosotros queríamos a Gamble, tú lo viviste en carne propia con tu padre. Dale tiempo… solo necesita tiempo —Aseguró Alex esperanzado, mucho me temía que no fuera solo tiempo lo que necesitaba. Dejé que Alex y Kaira jugarán en paz, yo solo les iba a amargar el rato.

 

El día siguiente llegamos a Dite con maletas repletas de regalos.

     —Un día se van a dar cuenta de lo loca que estoy y me van a dejar —Susurró Kaira, fueron necesarias tres vueltas del helicóptero para entregar maletas, era completamente exagerado. Lo que no era exagerado, era el amor que sentía por esa mujer.

     —Bruja, ya sabemos que estás loca, no hay sorpresas en ese departamento.

     Mi bruja sonrió y levantó su carita esperanzada, los carnosos labios me llamaron, la besé saboreando el exquisito sabor de su boca. Un beso que terminó demasiado pronto, los chicos andaban por ahí, revoloteando por ver sus regalos, no quería traumatizarlos y que deberás necesitaran de la Psico.

     Tardamos día y medio en decorar la finca, se necesitaron las manos de tres niños, dos enanos, y cuatro decoradores profesionales para que Kaira quedará satisfecha. Dite siempre me gusto, era un pedazo de tierra dónde no había nada que no se pudiera ser o hacer, la tierra dónde viven los pecadores. Si aspirabas podías percibir la risa de mis hijos, la serenidad que se apoderaba de Alex en cuanto tocaba tierra, la felicidad de Kaira cuando el sol golpeaba su cara, la cálida briza, las revoltosas olas que no paraban, los diferentes tonos de verde de los árboles, la bruja adoraba cada grano de la isla. Desafortunadamente en estos momentos, también se percibía la melancolía que exudaba de cada uno de mis poros, lo intentaba, de verdad lo intentaba, pero no podía...

     Mi humor mejoró en cuanto llegamos a Dite, sobre todo después de pasar la tarde con los niños en la playa. Cambié la memoria de mi cámara y me dirigí a donde Kaira yacía en la arena, usaba un traje de baño totalmente indecente, me encantaba. En cuanto vio que apuntaba la cámara en su dirección, sonrió y se quitó los lentes de sol para dejar expuestas las esmeraldas, aun con la luz del sol alcancé a ver en sus ojos ese brillo que la gente tiene cuando ve algo que realmente ama. Era algo que encontraba extremadamente encantador, sobretodo en Kaira, que además del brillo tenía un cuerpo que hacía temblar a la tierra.

     —Me gusta que me fotografíes —Disparé tres veces más antes de sentarme a su lado.

 

     —Y a mí me gusta fotografiarte.

     Me dio un piquito de lo más inocente y sin embargo bajé la mirada, no era rechazo, era algo más.

     — ¿Dime qué puedo a hacer para que te sientas mejor? Te amo, no me gusta verte… apagado.

     —Se me va a pasar, bruja —¿Cuándo? Era la pregunta. Recargué mi cabeza en su hombro y observé a mis hijos jugar con las azuladas olas del mar. Después de unos minutos sentenció muy segura de sí misma:

     —Pues ya es suficiente, acabo de decidir que para el día de Navidad voy a tener de regreso a Owen, el enano dormilón, relajado, divertido, y cínico que tanto quiero.

     —Buena suerte.

     Era lo menos que podía desearle. Yo no me sentía relajado, mucho menos divertido. Bufó un poco dolida por mi actitud.

     —Si la suerte quiere venir y tocar a la puerta, bien. Pero si viene a fastidiar mi intento de sacarte de… de este estado, puede regresar por donde vino. Yo lo voy a seguir intentando hasta que regreses a mí —Me dio pena la pobre suerte, cuando Kaira decretaba algo, arrastraba con todo.

 

 

 

 3

 

     —Owen… Owen… despierta.

    

     Su voz traspasó el velo del sueño pesado, era un sonido que lograba que mis neuronas regresaran a trabajar, engatusándolas para despertarme y regresarme al mundo de los mortales. Mi cerebro luchó con todas sus armas y se resistió al ataque de su voz. Estiré el brazo para aferrarme a la manta que me cubría, pero encontré carne desnuda, unas piernas suaves y frescas, mis manos se afianzaron a ellas en un gesto automático, mi cara se enterró en el dulce olor de la piel. Sus dedos se enredaron en mi cabello acariciándolo, consintiendo, cada hebra le agradeció el gesto, un gesto también en automático que tenían sus dedos cada vez que tocaban mi cabeza. Bendita bruja.

     —Dormilón, es hora de levantarse.

     Sus piernas se movieron forzando a mis párpados a moverse, en cuanto la luz llegó a mis pupilas los volví a cerrar.

      —No. Bruja, no me dejes.

     Se levantó sin importar mi plegaria.

     —Owen, ya es tiempo de sentirse mejor. Es mediodía y tú quieres seguir durmiendo como si fuera medianoche —El regaño no me dolió tanto como el ver mover su delicioso trasero alejándose de mí.

— ¿Me vas a dejar aquí? —Recriminé. Con un gesto despreocupado asintió.

— Quiero que te levantes, te bañes, y me acompañes a despedir a los chicos.

Eso me hizo mover.

— ¿A dónde van los chicos?

— A tierra firme, van a comprar un par de cositas. Mi mamá va con ellos.

— ¿Qué cositas?

Kaira y las niñas habían ido a Nueva York para comprar los regalos de Navidad, el avión casi se cae por las maletas, era imposible que olvidara un par de “cositas”.

—Cositas… Anda, ve y prepárate. Tengo algo preparado para ti.

Media hora después despedía a mis energéticos hijos junto a Alex. En el camino de regreso a la finca me pregunté dónde se había metido la bruja.

— ¿Y Kaira? —Alex no contestó inmediatamente. Se distrajo levantando una vara y castigando a la tierra con un golpe. Decidí no presionar, ya suficiente tenía con aguantar mi humor. Finalmente aventó la vara contra los árboles que marcaban el sendero y contestó:

—Está preparándose, tiene ganas de jugar... Pero primero, vamos a hablar.

Sabía que los tenía hasta la coronilla, también sabía que la paciencia de Alex era limitada, y sin embargo me dio el espacio necesario para que mermara el dolor. También sabía que yo en vez de levantarme, me hundí regocijado de la atención de todos.

¡Qué patán era!

—Entonces… Papá murió —Era la primera vez que le escuchaba referirse a Gamble como papá—. También era mi papá, Owen —Recalcó leyendo mi mente—. También me duele, también lo extraño... y también recuerdo lo que nos enseñó. Creo que tú lo estás olvidando —Me detuve para afrontarlo.

— ¿A qué te refieres?

— A vivir, Owen. A vivir, aunque duela.

¡Dioses! Era un bastardo.

— ¡No entiendes!

—Si entiendo, si siento. Gamble también sentía. ¿Cómo crees que vivió la mitad de su vida? Con dolor, Owen. Amando a alguien que lo dejó demasiado pronto... Y de todos modos se levantó, nos adoptó, nos cuidó, nos enseñó y nos amó. No ensucies su memoria tirándote al piso, no seas un niño mimado, no actúes como si te hubieran criado tus padres —Su mano apretó mi hombro en un gesto de entendimiento, por un momento el pensamiento petulante de alejarme de su toque cruzó por mi mente, para herirlo o para demostrar que estaba en desacuerdo con él, no estaba seguro.

¡Mierda! Yo era el bastardo.

Apretó mi hombro con más fuerza antes de dar media vuelta y emprender el camino de regreso a nuestra mujer. Ya había dicho todo lo que tenía que decir.

Cuando alcancé su brazo, se detuvo de inmediato.

—Lo siento —murmuré—, es solo que… es como… Siento que en cualquier momento Kaira va a desaparecer, tu… todos. Tengo… miedo —No lo vi venir. De repente me abrazó fuerte, descansó su cabeza en mi hombro y me consoló. No era un abrazo fraternal, era un abrazo que solo se comparte con la persona que compartes amor. Fue la primera vez desde que murió Gamble, que me sentí yo mismo otra vez.

—No me vas a perder —Se separó y me miró de frente—. Y entre los dos vamos a retener a Kaira, aun en contra de su voluntad —Medio sonrió con su medio chiste. Los dos sabíamos que no era broma.

 

—Anda, vamos a buscar a Kaira. Tiene una gran tarde preparada, no se la arruinemos empezando sin ella —Dijo con una sonrisa. Lo seguí sintiéndome mucho mejor.

 

Al principio pensé que finalmente habíamos logrado que Kaira perdiera la cabeza; Nuestra habitación era otra, del techo colgaban cientos de visillos, cortinillas finas casi transparentes que te hacían sentir en un tipo de sueño.

Logré cerrar la boca, para volverla a abrir y preguntar:

— ¿Qué es esto?

De la nada salió la voz de Kaira.

—Mi nuevo trabajo.

Apenas tuve tiempo de procesar la información, Alex me empujó adentro de la habitación y yo me perdí en él cielo. La luz del sol entraba en todo su esplendor, con la blanca transparencia de la tela la luz se expandía, incluso brillaba, mi bruja creó un pedazo de cielo solo para nosotros.

—En la sala, por favor.

Nos guío sin dejarse ver. Llegué a mi sillón con una sonrisa, Kaira lograba hacerme feliz con simples cortinas.

— ¿Qué vamos a hacer? —Le pregunté a un Alex igual de sonriente que yo. Éramos un par de idiotas sonriendo a las cortinas.

—Cualquier juego que se le haya ocurrido.

En efecto, nosotros no teníamos voluntad cuando se trataba de Kaira.

De alguna parte empezó a sonar “Caruso”.

Una de las pocas frases que había aprendido en italiano era: Te voglio bene assai -te quiero mucho-, Kaira me la repetía constantemente. En ese momento supe que el juego era para mí.

La Bruja sabía que esa canción se volvió especial para mí, sobre todo después de la partida de Gamble. Meses antes de su partida, lo atrapé escuchando la canción más romántica de todos los tiempos, sin pedirlo, me contó la historia.

“La primera y original versión de esta canción fue escrita y cantada por Lucio Dalla, que dedicó esta canción a Caruso después de haber estado en Sorrento y haber quedado impresionado por la belleza de la ciudad. A Lucio Dalla se le estropeó el barco y en Sorrento solo había disponible el lujoso apartamento en el Grand Hotel Excelsior Vittoria, donde Caruso vivió los dos últimos meses de su vida y donde se conservaban intactos sus libros, sus fotografías y su piano.

Caruso estaba enfermo de cáncer en la garganta y sabía que tenía los días contados, pero eso no le impedía dar lecciones de canto a una joven de la cual estaba enamorado. Una noche de mucho calor, no quiso renunciar a cantar para ella que lo miraba con admiración, así que, aun encontrándose mal, hizo llevar el piano a la terraza que daba al puerto y empezó a cantar una apasionada declaración de amor y sufrimiento. Su voz era potente y los pescadores, oyéndole, regresaron al puerto y se quedaron anclados bajo la terraza. Las luces de las barcas eran tantas que parecían estrellas. Caruso no perdió las fuerzas y siguió cantando sumergiéndose en los ojos de la muchacha apoyada al piano. Esa noche su estado empeoró. Dos días más tarde, el 2 de agosto de 1921, moría en Nápoles. Esta canción narra el drama de esa noche... con luces y sombras del pasado... con muerte y vida… un hombre enfermo que busca en los ojos de una muchacha un futuro que ya no existe, un testamento de amor”.

Mi adorable viejo dejó de ver las estrellas desde la ventana de su habitación y volteó a verme, sus oscuros ojos se veían cristalinos. Duele… la perdida duele.

“Ese fue su último concierto, y ese su excepcional público... el mar, las estrellas, los pescadores, las luces de las barcas y su amada…”

Mirando directo a mis ojos me pidió, en realidad rogó: “Ama mucho, Owen. Ama… porque la vida es… corta”.

Corta y dolorosa, así es la vida.

No podía jugar, no ahora, apunto estaba de levantarme… Pero las cortinas se abrieron, paré de sentir pena, ahora solo importaba cuando iba a meterme en el cuerpo de la mujer que apareció usando una peluca color rojo fuego, maquillaje humeante en los ojos y rojo pasión en los labios. Las notas musicales se hundieron dentro de mi sangre demandando guiarla hacia la parte media de mi cuerpo, mi verga se levantó arrogante por la atención de esos labios. Era una mezcla de elegancia y mujerzuela que nunca le había visto a Kaira. Ella siempre era una reina, incluso cuando cogía como ninfómana.

Dio un paso hacia nosotros enredando el dedo inquisidor en la seda verde del moño que cubría su cuello, era como un regalo envuelto exclusivamente para mí. Mi conocimiento sobre lencería era casi nulo, a mí me gustaba la desnudez, y la bruja lo sabía, solo usaba un par de estrellas doradas cubriendo la cima de sus gloriosas tetas, y unas bragas de encaje rojo Navidad, ahí estaba lo que le había pedido a Santa Claus. Kaira siempre lucía increíble, con ropa o desnuda, pero ahora era... otra.

Dio otro paso, bajé la mirada y fue inevitable la carcajada; un par de calcetines -del tipo que usan los ayudantes de Santa- le llegaban hasta las rodillas. Las palmas de mis manos cosquillearon por las ansias de usar la seda del moño para atarla, deshacerme de las estrellas y las bragas, y levantar esos calcetines hasta que llegaran a cada lado de mi cabeza.

—Quiero jugar un poquito… —Anunció mojando su esponjoso labio inferior.

—Está bien —Cantamos en coro Alex y yo.

—Al juego del cliente… —señaló con su cabeza en mi dirección—, del Pimp… —hizo un guiño en dirección a Alex…—, y la Puta

No me gusto, ella era muchas cosas, Puta no era una de ellas. Volteé a ver a Alex y el muy imbécil sonreía casi brincando en su asiento por la impaciencia, Alex estaba feliz de ser el Pimp, yo podía ser el cliente, ¿pero ella de puta? No había forma, ni siquiera de juego.

Algo advirtió en mi expresión, porque soltando la seda del moño dirigió el dedo inquisidor en mi dirección.

—Quiero jugar y hace un minuto dijiste: “Está bien”.

Levanté mis manos en rendición, era imposible que ganara esa batalla, cuando Kaira decía “juego”, nosotros solo teníamos que disponer el tablero.

—Está bien —repetí.

Regresando en carácter se mojó los labios y murmuró:

—Bueno… lo primero es el dinero. Me tienes que pagar si quieres mis servicios.

No me moví, fue imposible. El mismo dedo inquisidor que había usado para advertirme que jugaba o jugaba, acariciaba el contorno de la estrella que cubría su seno derecho. Mi boca se secó de hambre.

Levantó los ojos al cielo y puso una mano en su cadera, luciendo impaciente y tan jodidamente caliente.

—Mi Pimp no me deja trabajar si no está el dinero por delante.

El Pimp ya sacaba la cartera, sacó todo el dinero que traía en ella y me lo dio. En el momento que puse los billetes en su mano, la atmósfera cambió, la madre de mis hijos, mi mujer, se desvaneció.

—Haz tu trabajo, puta. El cliente necesita un poco de estímulo.

Me contraje con el apelativo, no me gustaba, pero Kaira dejó caer el dinero a mis pies con la orden de Alex. Yo no necesitaba más estímulo, ya estaba duro como el acero, solo no estaba muy seguro de jugar a esto. Sin importar mi actitud, el cliente ya había pagado y ella empezó a trabajar.

Enredó sus manos en una de las cortinas con sus ojos en mí. Empezó un contorneo suave, sencillo, y terriblemente sensual, la fuerza del deseo me empujó hacia atrás hasta que descanse la espalda en el mullido respaldo. Quería memorizar cada detalle de esto, de la manera en que enredaba una de sus piernas en la tela, del contraste del color rojo fuego de la peluca con la cremosidad de su piel, la manera en que los músculos de su cuerpo se movían al compás de una canción que estaba hecha para sentir, no para bailar. La luz, el aura que rodeaba la anatomía de sexo enfrente de mí, todo combinado con el calor reflejado en las esmeraldas de sus ojos como si necesitara de mí, de mi específicamente, no de Alex, solo de mí. Ahora entendía porque existían hombres que mataban por una mujer, porque se entregaban reinos enteros, porque Adán comió de Eva.

Se inclinó dejando su trasero justo enfrente de mí, podía ver la sombra de sus pliegues, justo ahí, al alcance de mi mano. Levanté la mano temblando por la necesidad de tocarla, la extrañaba, extrañaba estar adentro de ella. Mi dedo solo alcanzó a rozar el encaje cuando la mano de Alex atrapó mi brazo.

—Tienes que pagar más si quieres tocar —Retiré mi brazo de su agarre molesto, no me gustaba este juego.

La mujer a mis pies volteó, sus carnosos labios quedaron a centímetros de mi entrepierna.

—Vamos Owen, juega —ronroneó desabrochando mi pantalón. Mi verga brincó para llegar a ella, quedó a escasos centímetros de su objetivo —. Por favor… —La sensación de su aliento sobre mi piel fue suficiente para hacerme olvidar. Ya no importaba que fuera la mujer que amaba, que le llamara con palabras indignas, yo era el esclavo que quería ofrecerle todo, no solo dinero, ella tenía mi vida, mi alma, mi miedo.

— ¿Cuánto cobras por chupar?

Kaira sonrió triunfante. ¡Bruja!

—Todo lo que tengas en la cartera —Su tono de voz ya no pedía, ya ordenaba.

—Eres cara.

—Puta si, barata nunca —Contestó recargando la cadera en sus tobillos.

—Es la mejor carne que vas a encontrar -La vendió Alex acariciando su mejilla. Me levanté para sacar la cartera sin cuestionarlo, el puñado de billetes cayó como confeti a sus pies.

Tomó mi mano, se metió un dedo a la boca y lo chupó. Mi cabeza busco la chequera mentalmente, ya me había quedado sin dinero y apenas iba por un dedo, este juego me iba a dejar en bancarrota.

Llevó mi dedo mojado a la estrella izquierda, intenté separar el pedazo de tela dorada, pero se resistió, ni siquiera la tela quería separarse de ella.

—Uy, necesito un poquito de humedad para despegarlos, ¿me ayudan?

En segundos estaba sentada en mi regazo con la boca de Alex lamiendo la estrella izquierda y la mía la derecha. Su olor asfixiaba los sentidos, mi lengua no se daba abasto, cada milímetro que lograba separar era un triunfo con sabor a gloria. Sus jadeos atacaban sin descanso a mi indefensa verga, estaba muy orgullosa de ella, se estaba controlando para no terminar prematuramente como un adolescente.

Entrando en personaje me quejé:

—Apuesto que esto no es nuevo, seguro lo haces con todos los hombres que solicitan tus servicios.

—Solo contigo… lo prometo. Mi Pimp es muy selectivo —Jadeó con voz aterciopelada.

—Ya dije... es la mejor carne del mercado.

Alex luchaba con la tela usando dientes, lengua y labios, hambriento por la mejor carne del mercado. Finalmente encontré el sonrosado y erecto pico, me llené la boca de él al mismo tiempo que mi Puta abría las piernas y susurraba: —Sabes, nunca dejó a los clientes ir tan rápido, pero si quieres, les dejo compartir mi coño.

La mano de Alex y la mía chocaron en la entrepierna de la Puta, las dos corrieron en busca del coño más sabroso sobre la faz de la tierra. Antes de que Alex se adentrará en ella, lo corté: —Mi amigo, yo pagué por el servicio. Usted puede quedarse sentadito cuidando su mercancía.

—¡Owen! No seas un hijo de puta… —Me regocijé de la mirada de Alex, era odio puro—. Además, te aseguro que va a necesitar ayuda para dejar satisfecha a la mujer. Es una puta exigente.

Eso toco mi ego. Demostrando que, de hecho, si era un hijo de puta, me levanté con Kaira en los brazos, y peleé con las cortinillas hasta que llegamos a la cama.

—No la toques —Le advertí a Alex. Deshice el moño que llevaba la Puta -ya me estaba encariñando con el apelativo, tenía su gracia el que estuviera a mi servicio por completo- en el cuello, vueltas y vueltas de seda rodeaban su garganta, ¿cómo diablos no se asfixió?

Sacando al boy scout que tenía en mí, amarré sus tobillos al dosel separando sus piernas al máximo, me hinqué entre ellas y con un solo dedo perforé el encaje a la altura de su vientre. El jadeo de la Puta era desolador, desnudo, expuesto, y mío, tenía la cartera vacía para demostrarlo.

—Te voy a enseñar cómo se deja satisfecha a una mujer.

Alex apretaba uno de los polos del dosel con las dos manos, lo estrangulaba como no podía estrangularme a mí.

Primero fue mi nariz la que rozó cada pliegue, cada curva del ya humedecido coño, le siguió mi lengua con lametones que levantaban la cadera de mi Puta pidiendo más. Cuando llegó el turno de mis labios, Kai gritaba mi nombre sin descanso, finalicé enterrando los dientes en la parte más sensible del cuerpo de una mujer liberando a la pobre de su tormento. Sus jugos salpicaron por toda mi cara, me hundí en ella, quería ahogarme de ella. Cuando su respiración se normalizo volteé a ver a un frustrado Alex.

—Así se satisface sin usar las manos.

Chupé mis labios saboreando nuevamente a Kaira.

—Eres un cabrón —reprochó—. Ella sola hace un mejor trabajo que tu intento de… de lo que sea que estabas tratando.

Obviamente Alex estaba frustrado, pero era un experto jugando. Me separé de la cama para seguir el juego del Pimp.

— ¿Seguro? No creo.

Kai pataleaba buscando un poco de fricción entre las piernas. Su Pimp tenía razón, la mujer era una mujer exigente, quería más.

—Ey, Puta… tócate.

Kai inmediatamente siguió la orden de Alex. Hipnotizados observamos cómo viajaba lentamente la mano... su cuello, sus tetas, su ombligo, se detuvo hasta que llegó al hueso púbico, ahí separó los dedos y los resbaló hasta que llegó a la cima de su coño, con ligeros círculos fue creando un espiral que subía por su cuerpo, vimos tensionarse los músculos de las piernas, del estómago, endurecerse todavía más la cima de sus tetas, sonrosarse hasta llegar a un precioso rojo orgasmo, finalmente explotó en un grito mientras levantaba la cadera inconscientemente tratando de coger a la nada.

No me di cuenta de que acariciaba su pierna hasta que Alex se hincó entre ellas.

— ¿Puedo terminar de mojarla? —preguntó esperanzado. Kai no podía estar más mojada, la humedad brillaba en la parte interna de sus piernas, en las sábanas, incluso en mi cara, estaba tan mojada que era capaz de tomar al Pimp y todo su largo de un solo movimiento sin ninguna resistencia, pero Alex necesitaba un poco de acción o caía muerto de frustración.

—Si te metes, a ti también te va a costar dinero —Le advirtió Kai jadeando, todavía no se reponía por completo.

—Yo soy tu dueño, yo puedo cogerte cuando quiera —La amenazó Alex ya desnudo, empalmando su verga acariciando los sonrosados labios. Kaira se recargó en los codos y levantó el talle para afrontar a su Pimp.

—Si me coges, no te toca nada del dinero que acabo de ganar.

Alex sonrió como idiota.

—Eres una puta muy lista. Anda, negociemos.

No dejó de acariciar los labios mientras llegaban a un acuerdo, eran expertos en eso, por algo manejaban uno de los conglomerados más importantes del país. Las negociaciones continuaron hasta que se llegó al acuerdo de que la Puta se llevaba todo el dinero, a cambio de dejarse hacer todo lo que nosotros quisiéramos. Evidentemente el Pimp era mejor negociador que la Puta.

Alex no perdió el tiempo, con sus pulgares separó los pliegues, moviendo la suave y sonrosada carne para dejar la entrada completamente expuesta, lista para dedos o verga. Ser testigo de una acción tan íntima, me llevó a tomar un gran problema entre manos, rodeé la cabeza de mi entrepierna y repartí las gotas preseminales en mi palma, me acaricié de arriba abajo con descaro.

— Mi cliente se está desesperando —señaló Kai mirando mi mano moverse, guiando mi verga en su dirección. Abrió la boca invitándome a llenarla, a gatas me dirigí a ella, arrastrándome por su calor. Alex desató sus piernas y la volteó, cuando llegué a la cabecera, mi Puta ya estaba sobre manos y rodillas esperando por mí. Su aliento me dio la bienvenida en un grito, un jadeo causado por la intrusión de Alex en su cuerpo.

—Más, Alex, por favor.

—Shsss, tranquila… La vas a tener toda, déjame disfrutarlo.

Alex era cruel con Kai. Solo se introducía un poco, unos centímetros que solo causaban frustración en la Putisima que se desquitaba con mi entrepierna; La chupaba con fervor, con ansias locas por placer.

Yo no respiraba, yo jadeaba, cogía su boca con frenesí, desesperado por poseerla hasta ahogarla. De repente paró y se burló de mí.

—Si hago que termines, tienes que pagarme más.

Ya no me importo su bienestar, enredé mi mano en su cabello y la callé llenando la boca de carne dura hasta la garganta. Alex le dio una nalgada que sonó seca.

—Eres una Puta maleducada…

Alex luchaba para no moverse, el esfuerzo se le veía en las sienes, le dio otra nalgada después de acariciar la piel dolorida, era una visión exótica ver el esfuerzo de él para restringir el movimiento y no empalmarla por completo, la frustración de ella intentando mover la cadera para insertarlo más mientras yo la detenía por la cabeza, los agudos sonidos de frustración de los tres, la desesperación por conseguir la cúspide del placer.

No pude más cuando vi a Alex juguetear con la pequeña puerta trasera de la Puta más peligrosa del planeta, insertó sus dedos al mismo tiempo que se dejaba ir todo sobre ella, se recargó en su cuerpo y la empujó todavía más a mí. Temblando levantó la cara y me besó, dejé a Kai para retenerlo por el dorado cabello. Ya no sentí la boca de Kai, seguro admiraba el show, le encantaba vernos besar, era una Puta muy retorcida. Rompí el beso al escucharla.

—Mi turno.

Alex y yo le hicimos espacio a la mujer más adorable que existía. Los tres abrazados, acariciándonos, desnudos en cuerpo y alma compartiendo un beso que expresaba más que mil palabras, fue ahí donde deje ir el miedo para dejar que el espíritu de la Navidad llenará mi adolorido corazón.

Está de más decir que cogimos en todas las formas posibles a la Bruja, sus últimas palabras como Puta fueron:

—Esto de ser Puta es demasiado. Estoy cansada, adolorida y jodidamente feliz.

 

Un día antes de Navidad Kaira cumplió su palabra, regresé a ella.

 

Los visillos se convirtieron en una nube tras otra, colgadas en ondas en el techo, cada vez que me acostaba o veía hacía arriba, recordaba esa Navidad. La primera sin Gamble, y la última sintiendo temor a perder el Amor. Gamble se fue sabiendo que era un hombre bien querido. Yo se lo repetía todos los días, Alex se lo demostraba con espontáneos besos en su canosa cabeza llenos de respeto y amor, y Kaira… Kaira le dio lo que Gamble siempre quiso; Una familia.

 

Una feliz Navidad es la que pasas con tus seres queridos, rodeados de amor, de paz, de solidaridad, recordando el amor de las personas que ya no están a nuestro lado, pero que siempre vivirán en nuestro corazón. Viviendo amando, siendo felices con lo que tenemos, agradeciendo lo que no tenemos, y sobre todo… jugando.