Viernes, Diciembre 23, 2016.

En alguna parte de Chicago, Illinois.

 

     Hice que Han se pasara un par de luces amarillas-rojas, me urgía llegar a casa y ver a mis Gardner. En cuanto entramos al Palacio un suspiro de alivio salió de mi pecho, ¡ya estaba en casa! Después de doce horas de vuelo, medio dormitar, medio comer, y medio trabajar, necesitaba un poco de cariño. Han tardo más en detener el auto, que yo en salir en dirección al anexo.

 

     Bruno alguna vez preguntó: “¿Alguna vez te has imaginado cómo sería tu vida si estuvieras junto a él?”, refiriéndose a Luca. Yo contesté como siempre lo hacía con él, con toda la honestidad posible: “Es una de mis favoritas cosas de imaginar, de hecho, es uno de mis lugares favoritos de visitar”. Su expresión cambió inmediatamente, de un hombre seguro de mi cariño, a la de un hombre dolido. Rápidamente hice lo posible por regresar al hombre que me tenía loca: “Tú también estas ahí, Bruno, por eso solo existe en mi imaginación”. Bueno, pues desde hacía no más de seis meses, estaba viviendo mi más profundo y deseado sueño.

 

     Nuestros días todavía no tenían ritmo, pocas eran las noches que dormíamos bajo el mismo techo, algunas veces Luca viajaba, otras Bruno, mayormente lo hacía yo. El grupo Carter así lo requería. Pero eso no era impedimento para vivir el sueño, al contrario, solo le agregaba más emoción. Sobre todo, si considerábamos que mañana era nochebuena. El regalo que tenía preparado para ellos, ansiaba ser abierto. Poco más de veinticuatro horas para que nuestra vida diera un giro, uno bueno, esperaba.

     - ¡Luca! ¡Bruno! ¡Ya estoy en casa!

     El anexo era un mini palacio; Cómodo, elegante, seguro, y contaba con tres habitaciones, aunque solo se usaba una. Mis Gardner no tenían objeción en dormir en la misma cama, siempre y cuando yo durmiera en medio. Cuando tenía que viajar, Luca se iba a su loft y Bruno… bueno, mi Lobo se iba al bosque a buscar a una nueva víctima.

     - ¡Bruno! ¡Luca!

     Mientras recorría las habitaciones, la excitación por verlos fue muriendo. El mini palacio se hallaba en tinieblas, solo las pequeñas luces que alumbraban el arte de las paredes daban luz. Entré a mi habitación desolada, nada me alertó de la presencia hasta que fue demasiado tarde; Dos largas manos me agarraron por la cadera y me empujaron contra la cama. Mi grito fue ahogado por el cobertor, mi corazón volvió a la marcha con renovada energía, empujé mi cuerpo, pero fue detenido por un cuerpo grande y fuerte. Di un codazo y escuché un ligero gruñido, con las palmas sobre la cama intenté con todas mis fuerzas empujarlo, solo que el cuerpo era mucho más fuerte que yo. Se acostó encima de mí y me vi impedida de cualquier movimiento.

     Han no iba a venir a mi rescate, cuando mis hombres estaban en casa nadie se atrevía a molestarnos, se podían topar con escenas solo para mayores de edad.

     Di un cabezazo hacia atrás y con un profundo gruñido caí en cuenta de que di en el objetivo. Solo que la victoria duró poco, sus manos buscaron y encontraron piel. Una ráfaga de miedo me paralizo, en segundos imaginé los peores escenarios y el cuerpo encima de mí lo notó.

     - ¿A si saludas a tu hombre después de abandonarlo por días?

 

     Mi cuerpo descanso de inmediato, ¡malditos Gardner!

- ¡No jodas, Luca! ¡Me asustaste!

Su cuerpo dejó libre el mío y de inmediato empecé a extrañarlo. Yep, soy un poco retorcida.

Aunque su boca estaba manchada de sangre, sus ojos reían.

-Eres un desquiciado, ¿cómo se te ocurre asustarme así? Mira cómo te deje la boca.

Sonrió y yo con él.

-Según mi hermanito esta es la mejor manera de saludarte.

La carcajada de Bruno le respondió.

-Sí, idiota, pero tienes que dominarla bien… Mira, así.

Bruno se nos unió en la cama y finalmente me sentí en casa. Levantó mis brazos sobre mi cabeza sosteniendo por las muñecas, rozó su nariz con la mía y de inmediato la sangre se dirigió a mi entrepierna. Respirando, no, en realidad jadeando, nos besamos hasta que el aire dejó de ser suficiente.

Bruno me mantuvo en esa posición por un par de segundos… unos largos y deliciosos segundos antes de que Luca buscara mis labios, los suyos sabían a sangre y de alguna manera el beso se sintió más íntimo.

-Vamos a jugar, Princesa.

Alguna vez hice la advertencia: “Si te vas, ya no regresas”. Una advertencia que fue hecha para los tres, una advertencia que tomamos muy en serio. Teníamos más de seis meses sin separarnos. Físicamente podíamos estar distanciados, pero en corazón, no podíamos estar mas unidos. 

- ¿Qué creen que hacen?

Pregunté tratando de controlar mi respiración. No era la mejor pregunta, con la adrenalina por el susto todavía rebotando en mi cabeza y mi sobrecargado libido, la inteligencia era un lujo.

Ya me hallaba desnuda y lista para jugar, el problema radicaba en que solo yo me encontraba desnuda, Luca y Bruno parecían muy contentos con solo verme sufrir por ellos. Y aunque se veían exquisitos en mezclilla y playera, yo prefería la desnudez.

-Shsss, Méri, vamos a jugar calladitos.

Comandó Bruno ondeando ligeramente una toalla facial en la mano. Entreabrí la boca mientras veía cómo doblaba la toalla, lo hacia concienzudamente divertido con mi obediencia. El par de tatuajes se asomaron bajo su manga y tuve que sacudir mi cabeza, empezaba a pensar con mis jodidos órganos sexuales, como siempre que estaba con ellos.

-Siempre tan buena niña.

Ambos sonreímos cuando enredó sus dedos en mi cabello y lo jaló hasta tenerme en la posición que deseaba.

-Muerde. No grites, no hables, solo muerde, ¿estamos?

La textura de la toalla se sentía ligeramente rasposa, como la fuerte quijada de mis hombres al amanecer. Mis entrañas se contrajeron con el simple recuerdo. Adoraba pasar la lengua por esas quijadas, morderlas, saborearlas.

Asentí ansiosa de que empezara la tortura.

Luca extendió su mano y me vi tomándola de inmediato. Me acostó boca arriba, acomodó la almohada, mi cabello, Luca podía intentar ser agresivo como el Lobo, pero en realidad era mucho más delicado. Como un buen Tiburón, él acechaba en silencio, te contemplaba, te estudiaba, y cuando menos te lo esperabas, te mataba.

- ¿Lista?

¡Listísima!

-Una palmada es verde, dos es amarillo, y tres es rojo.

Sin la habilidad de hablar, teníamos que usar otros recursos para hacernos entender, las palmaditas funcionaban perfecto, sobre todo porque nunca las había usado.

Sus pulgares se deslizaron sobre mis sienes en pequeños círculos mientras sus otros dedos se perdían entre mi cabello, se sentía celestial. La suave caricia daba ganas de ronronear y al mismo tiempo hacia crecer mi conciencia sexual un millón de veces. Por un momento cerré los ojos, perdida, loca, irreparablemente enamorada de ellos. Al abrirlos, me encontré con dos pares de ojos listos para devorarme de un solo bocado.

-Sostén esto.

Bruno me dio una base de cristal que sostenía una vela prendida. Hasta ese momento fui consciente de que habían alumbrado la habitación con decenas de velas, ¡oh, mi par de hombres románticos! Lo que no fue romántico, fue la gota de cera caliente que cayó sobre mi cuello. Mi gruñido fue sofocado por la toalla mientras otra gota caía en el nacimiento de mis senos. La base de cristal tembló, al mismo tiempo que mi mano libre empuñaba las sabanas, ¡malditos Gardner!

Mis senos se empezaron a sentir enormes con los lametazos que proporcionaba Luca a uno de ellos, mis piernas se abrieron por instinto de preservación. La cera ciertamente quemaba, pero de alguna manera te hacia consiente del resto de tu piel. Con la tercera gota que dejo caer Bruno terriblemente cerca de la cima de mi seno, un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Mi entrepierna se empezaba a humedecer, a gritar por atención.

- ¿Cuántos días nos abandonaste? ¿Diez? ¿Doce?

Ocho, fueron ocho días y sus noches. Bruno era un poco sádico, le gustaba verme sufrir, y a mí me causaba una terrible excitación verlo regocijarse por mi sufrimiento.

La cuarta gota cayó sobre mi vientre, el calor penetro en mi piel tintineando la sensible piel entre mis piernas. Mi mente empezó a vagar, a preguntarse cómo se sentiría la ardiente cera sobre la parte más sensible de mi cuerpo.

- ¿Mas, Méri?

Asentí totalmente consiente de mi desesperación. Él también era consiente, después de dejar la vela con la que me torturo, fue directo a mi entrepierna. Lamió cada pliegue, jugó conmigo hasta que mis gemidos fueron dolorosos. Mirándome a los ojos se desvistió, levantó mi cadera y entró a casa. Mis ojos se cerraron por el placer, mi mano tembló y un mar de gotas cayeron en mi muñeca, el dolor de inmediato me regresó a tierra. ¡Joder con los Gardner!

-Así se siente, Princesa, primero nos mala acostumbras a tu presencia, y después nos abandonas. Duele, ¿verdad?

Luca también era un poco sádico, mira que castigar mis senos hasta abarrotarlos de deseo y luego gimotear sobre mi partida con una sonrisa en los labios, no era muy caballeroso.

Di una palmada sobre la cama como advertencia. Él esperó la segunda -que nunca llegó-, con burla en los ojos. Chasqueando la lengua retiró la base de cristal de mi mano y llevó mi brazo hasta sus labios, mimo la maltratada piel con ligeros besos que me hicieron olvidar cualquier molestia.

Los movimientos de Bruno eran lentos, profundos, se detuvieron al mismo tiempo que los besos de Luca en mi muñeca. Sin soltar mi cadera, Bruno me levantó. La toalla en mi boca evitó que lo besara, lo que no evitó, fue la contracción de todos mis músculos con la gota caliente que cayó en mi hombro. La mueca de dolor complació a Bruno, sus movimientos se hicieron más profundos. El chasquido de mi excitación acompañó al gruñido de dolor que causo la quinta gota, esta fue en el otro hombro. Luca era más compasivo, unió las gotas endurecidas en un largo y húmedo lamido. Oh, Dioses, ¡que placer!

- ¿Nos extrañaste, Méri!

Con ojos cerrados, jadeando de placer, sudando excitación, asentí mientras otro lametazo de Luca hacia crecer y crecer el placer. El fuego, la luz, el calor de la gota que cayó sobre mi cicatriz casi me hace desfallecer. Respiré a través del dolor conquistándolo, haciéndome más fuerte, incluso más poderosa.

Luca empujó mi cuerpo sobre el de su hermano, Bruno cayó bien sostenido de mi pecho, lo succionaba como si de ello dependiera la vida. Con placer creciente por todo mi cuerpo, me preparé para la siguiente gota, subía y bajaba sobre el cuerpo de Bruno esperando el dolor, el ardor, y llegó. Solo que, en forma diferente, usando solo la lubricación de nuestros cuerpos, Luca entró llenándome por completo.

Éramos un revoltijo de extremidades, de jadeos, de olores y sabores exudando placer. La ola de alegría se acercaba in crescendo, prendiendo cada célula, desde la punta de mis pies, desde la punta del cabello, avanzando, recorriendo mi cuerpo sin obstáculos. Bruno acariciaba mis senos cuando un pequeño chorro de cera hirviendo cayó sobre mi cuello desde atrás, mordí la toalla por el dolor y para sostenerme de algo cuando a súper velocidad, la ola de infinito placer llegó a mi vientre. Con un desgarrador jadeo seguido con el eco proveniente de dos pechos, la ola me arrastró dejándome por largos y dichosos momentos fuera de esta tierra. Solo placer. No existía otra cosa. Solo un infinito y resplandeciente placer.

Mi cuerpo desfalleció, cayó sobre un cuerpo fuerte y jadeante como el mío. Sentí un abrazo, caricias en la cara, en los brazos, en la espalda, besos que solo lograban que mi mente no quisiera regresar. El limbo se sentía muy, muy bien.

-Ahora si la mataste.

-Matamos.

Respondió Luca.

Dioses, ¡gracias! Me resistí a abrir los ojos, ya ellos se hacían cargo de la higiene, de cubrirme, de desearme ‘buenas noches’ y ‘bienvenida’ entre susurros.

 

Desperté muerta de sed y muy caliente. El cuerpo que descansaba sobre la parte izquierda de mi cuerpo tenía un brazo cubriendo mis senos y una pierna rodeando la mía. El de la derecha, descansaba su brazo sobre mi vientre y también con una pierna rodeando la mía. El calor que emitían sus cuerpos me regalaba una fuerza que no sabía que necesitaba, pero la necesitaba.

Adoraba despertar así, hecha sándwich, podía disfrutar de cada detalle de dos seres humanos tan diferentes y tan cercanos al mismo tiempo. Definitivamente era una mujer muy afortunada y desde unas pocas semanas atrás, bendecida.

Me fui escurriendo hacia abajo para no despertarlos, ambos gruñeron, pero, así como yo, también cayeron muertos. Tomé agua, un regaderazo, levanté la solidificada cera para encontrarme con piel brillante en rojo. ¡Ay, mis Gardners! Dejé que el agua caliente me recordara la noche anterior y se llevara el pesar de los días que pasé sin ellos. La paz que sentía cuando estaba bajo el agua, ya quedaba ensombrecida por la sensación que producían Luca y Bruno en mí, nada se comparaba con lo que sentía por ellos.

Feliz de que fuera el inicio de la nochebuena, me dirigí al Palacio.

El palacio era un gran árbol de navidad y no otra cosa; Luces, adornos, flores nochebuena, muérdago en cada arco. Kaira tenía debilidad por estas fiestas, por donde buscaras, mi Amy tenía algo relativo a la Navidad.

- ¿Y mis hermanos?

El enorme árbol de navidad del salón principal estaba abarrotado de regalos, Alex, Owen, y Kaira ya estaban preparados para lo que era el evento más importante del día, agradecer a la gente que cuidaba de nosotros.

-Kurt dice que ya viene, y Viri sigue en su habitación.

Contestó Alex a mi saludo. Pocos segundos después se dieron cuenta de que eran igual de fríos que yo.

- ¡Llegaste!

- ¿A qué hora aterrizaste?

- ¿Todo bien?

Me vi envuelta por tres pares de brazos y de una explosión de cariño que solo los padres saben dar. Sonriendo regresé los abrazos, los besos, y como bien decía Conchita, los “apapachos” con la misma efusividad.

-Sí, ya llegué. Aterricé a las tres de la madrugada. Y todo bien. Los informes ya es…

-No, no, no, nada de trabajo el día de hoy.

Kaira Northman-Carter Jones era muy contundente cuando quería. Cerré la boca y acepté el mandato sin rechistar.

-Toma, mejor ve a vestirte. ¿Ya desayunaste algo?

En ese mismo instante mi estómago se quejó, un ligero mareo me recordó que no había probado bocado desde hacía más de doce horas.

- ¿Desde cuándo no comes?

Uy, Kaira estaba en modo Madre.

-Desde hace el próximo minuto, Ami.

Tomé el portatrajes que me correspondía, le di un beso en la mejilla y me dirigí a la cocina. En cuanto me vio entrar, Conchita extendió sus brazos. Mi nana ya estaba en edad de retirarse, pero se resistía a dejarnos por nuestra cuenta. Hacia bien, sin su intervención, mis hermanos y yo nos podíamos matar.

- ¡Mi niña!

Su cuerpo ya se sentía débil, pero sus abrazos no dejaban de ser fuertes.

- ¿Ya desayunaste? Te ves un poco pálida. Esos niños Gardner no te dejan dormir, ¿verdad?

Hizo un guiño que no podía ser contestado de otra forma que con la verdad.

-No, Conchita, insisten en besarme y acariciarme y…

-Ya no me digas más que soy una mujer soltera y se me puede antojar.

Desde que llego a nuestras vidas, Conchita aceptó que nuestra familia era… rara, por decirlo de alguna manera. Afortunadamente para nosotros, ella también era rara; Nunca juzgó, nunca condenó, simplemente respetó.

  Desayune escuchando las novedades de mis hermanos, del personal, y de mis hombres.

-Desde ayer andan revoloteando, pobrecitos, te extrañan mucho.

Y yo a ellos.

Le di un beso por el desayuno -y por ponerme al día- y me dirigí al cambiador de mi madre, no había habitación más iluminada y con más lujo en el palacio, que el cambiador de Kaira.

El vestido de seda purpura hasta las rodillas y las mangas de tulipán mariposa era ideal para la jornada, las calcetas blancas con rayas purpuras lo complementaban perfectamente. Parecía un elfo pálido y demacrado de veinte muchos, y no una mujer que era cogida por todos lados. Pasé de los zapatos con punta hacia arriba y solo en calcetas me dirigí hacia el gran salón. El murmullo de la gente empezaba a hacer eco por todo el palacio, las copas de champagne a circular con singular alegría, no importaba que fuera medio día, en alguna parte del mundo ya eran más de las cinco y mis padres hacían que todo mundo brindara por ello.

Mi hermana me dio un beso antes de burlarse de mi atuendo.

-Pero si tu estas vestida igual.

-Sí, pero el mío es en verde. En verde tiene mucho más sentido.

La lógica de Viri solo la entendía ella.

Y la tardanza de Kurt la sufríamos todos. Ya estábamos todos listos, ansiosos por comenzar, y el señorito no aparecía.

-Ami, vamos a empezar, la gente tiene planes.

-Cinco minutos. Si no llega en cinco minutos, empezamos.

Mi madre se disculpó con una sonrisa mientras Viri le mandaba mensajes con palabras cariñosas a Kurt, los míos fueron con palabras altisonantes.

En cuanto pulse el botón enviar, Kurt entró con las manos llenas de regalos.

- ¡Feliz Navidad, gente!

Mmm, mi hermano venia más feliz de lo recomendado. Sin esperar a que diera explicación, inicié con el ritual; Abrazar, besar, agradecer de corazón, y brindar un presente a la gente que nos ayudaba en casa. Era un ritual que inicio cuando éramos adolecentes y ninguno de los tres recordaba cómo decir: Gracias.

Pasábamos semanas escogiendo regalos, envolviéndolos, personalizándolos, cada presente era pensado en la persona, Kai no aceptaba menos, y al pasar de los años, nosotros tampoco.

@

Luca

En teoría, la regla número uno de los hombres es parecer imperturbable, nada nos debe afectar, ¿cierto? La segunda: Nunca admitir que algo nos atemoriza o impresiona o emociona. Con mi Princesa no aplicaban las reglas. Con Sophie no había escudo que te protegiera. Caminas por la vida con las palmas hacia arriba, aceptando toda la miseria, el dolor, pero también significaba que puedes sostener con toda tu fuerza toda la belleza y felicidad que cae del cielo. Bruno y yo estábamos listos. Listos para redescubrir la belleza, luchar contra los instintos barbáricos de nuestros ancestros y aceptar que, simplemente amábamos a la misma mujer con todo nuestro cuerpo, con toda el alma, con todo nuestro ser. Sophie te desmantela, llega hasta el fondo de tu ser, y te ama capa a capa, con todos tus errores, con todas tus imperfecciones, ella simplemente ama.

La valentía que se requiere para amar con ese tipo de inhibiciones, es algo que solo se trae en la sangre. No filtros, no escudos, solo la certeza de que eres un ser desprotegido, débil contra las inclemencias del amor. Pero con una gran recompensa, el amor mismo. No solo basta con aceptar que eres de alguien, tienes que explorar, crecer, arriesgar, desafiarte a ti mismo. Era una maravilla que requiere compromiso, aprendizaje, compartir lo que somos y también lo que no somos.

El anhelo, la sed, el hambre por tenerla no disminuyó, al contrario, era verla y sentir una íntima felicidad porque era mía, mía y solo mía, como algo que pertenece por derecho, como la vida misma. Bruno sentía lo mismo. Y por muy extraño que fuera, ese sentido de pertenencia no se modificaba por el hecho de saber que dormía con otra persona, tal vez porque no era una simple persona si no mi hermano, pero el sentimiento no se modificaba. Ella era mía. Con todo y las calcetas de elfo purpuras.

- ¿Se podrá quedar con ese traje hasta la noche?

Bruno paso de mi para abrazar por la espalda a mi Princesa, Sophie sonrió sin dejar de ver a los ojos a la persona con la que hablaba. Mi hermano no sabía comportarse, no la soltó hasta que se ganó un beso en la mejilla. ¡Maldito! Antes de que otra persona la acaparara, me acerqué y pedí mi beso del día, despertar sin ella no era gracioso.

-Te fuiste sin despedir.

No era una queja… bueno, sí lo era. Cuando desperté tenia agarrado del brazo a Bruno y él a mí, él se carcajeo, yo quería que Sophie me diera un beso de buenos días.

Me sonrió y la molestia por no despertar junto a ella, desapareció.

-Estaban muertos. Eso pasa por dormir con gente grande.

Subió un hombro y me vi soñando en mordisquearlo hasta que mis dientes rompieran la perfecta piel aperlada.

Si hacia un recuento de la última década de mi vida, pasaba por terribles choques, por el impacto de los encuentros con ella, del dolor, la frustración de no tenerla, y de todos modos el balance salía en positivo porque al final, podía besar a mi Princesa enfrente de cualquiera y en cualquier lugar, no había mayor recompensa que esa.

Con ganas de arrastrarla de regreso a la cama, rompí el beso.

- ¿Duele?

La marca enrojecida de su cuello casi me hizo sentir remordimiento… casi. Pero todavía podía sentir su orgasmo en mi verga, no había manera que eso me hiciera sentir remordimiento.

-Nada que no pueda soportar.

El deje de deseo en su voz me hizo cerrar los ojos y recargarme en su pecho. Me mataba, esta maldita mujer me mataba.

- ¡Joder!

Bruno me sacó del trance. Levanté la vista para encontrarme con Yaco y su estúpido cabello rubio, la sonrisa idiota y los chispeantes ojos azules. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que aparecer y acabar con el buen día?

Yaco era el único hombre que Bruno le prohibió a Sophie, yo no me atreví a poner nombres en la lista negra, bien sabía que a Sophie Northman-Carter Jones no se le prohibía nada. Si ella quería algo, simplemente lo tomaba.

-Por favor compórtense, es parte de la familia.

¡Mierda! Ese no era parte de mi familia, ni de la de Bruno que se enfurecía cada vez que lo miraba. Ciertamente, Yaco era primo lejano de Sophie, eso no se interpuso en su camino para meterse a la cama con ella, y por lo visto, tampoco se interponía para meterse en la cama de Viri. Ese beso no era nada fraternal. ¡Ja! Ya tenía material para joder a Gordon, a mi hermano le iba a encartar saber que a su preciada hada le gustaban los hombres altos, rubios, y afeminados.

-No.

Susurró Sophie al ver nuestra expresión

-Cualquier cosa que estén tramando. No.

Bruno y yo nos reímos, aunque no de la intuición de Sophie, con la mujer había que irse con cuidado.

-Vamos a saludar a Conchita.  

Dije más para Bruno que para Sophie, mi hermano no era territorial, pero con Yaco no lo podía evitar. Y aunque nuestra relación con Alex y Owen era buena, de ninguna manera les íbamos a arruinar la fiesta.

-Antes de que se vayan a esconder, denle su abrazo a Esther.

Sophie le dio una caja a Bruno y lo empujó en dirección a la muchachita que lo veía con ojos de amor. Era una chiquilla que a duras penas rebasaba los veinte, tímida, delgadita, y con un mega enamoramiento por Bruno. Era la única persona que nos ayudaba en el mini palacio, la que recogía el remolino que dejaba Bruno a su paso, y la que era feliz por hacerlo.

-Esther.

Juro que a la muchachilla le salían corazones cada vez que miraba a Bruno.

-Muchas gracias por ayudarnos. Espero que tengas una feliz Navidad, y que no nos abandones el próximo año. ¿Qué haríamos sin ti?

¡Mi hermano era un patán! Esther enrojeció y por un segundo pensé que se iba a desmallar.

-Muchas gracias por todo, Esther. ¿Cuándo regresas de vacaciones?

La mujer empezó a sudar con mi pregunta, por más que tratábamos de ser amigables, ella no lo ponía fácil.

-En… en enero cinco, señor, pero si me necesitan antes, puedo regresar….

-No, no, disfruta las fiestas con tu familia y descansa de nosotros.

La interrumpí antes de que se ofreciera como alfombra para Bruno, el muy idiota podía decir que sí.

Jalé a Bruno y lo guie hacia la cocina. Algo se le tenía que reconocer a los dueños del Grupo Carter, sabían agradecer, tal vez por eso les iba tan bien. El palacio entero era un hervidero de personas felices, agradecidas por tener un buen trabajo y ser reconocidas por su buena labor, no había una sola persona que se le viera a disgusto, mucho menos que no fuera fiel a la familia. En mi vista periférica vi a Han y de inmediato me dirigí a él, no existía en la faz de la tierra, alguien más comprometido con la seguridad de Sophie que Han.

-Han.

-Señores.

El ex marine dejó su copa de cristal cortado en la mesa que tenía a lado, y fijó toda su atención en nosotros, supongo que… nos soportaba.

-Gracias por todo, Han, eres el único responsable de que podamos dormir en las noches que Sophie está de viaje, sabemos que está bien cuidada. Gracias.

Vaya, a veces la educación en mi hermano afloraba. Era verdad, confiábamos ciegamente en el buen cuidado que tenía Han con Sophie, ni las moscas se acercaban a mi Princesa si Han estaba cerca. Además de que era el responsable de que Bruno y yo no detuviéramos nuestras vidas para ser los perritos falderos de Sophie. “No la puedo proteger bien, si ustedes interfieren en mi camino”, palabras textuales del ex marine. Aceptamos que nos interponíamos en la seguridad de Sophie, y dejamos de jugar al guardaespaldas. Afortunadamente podíamos jugar a otras cosas.  

  @

Sophie

El día paso rápido, lento para mis pies. Para las siete de la noche mis hermanos, Yaco, e incluso los hermanos Gardner querían seguir la fiesta, pero yo estaba muerta. En algún momento y en algún lugar, morí de extenuación. Medio regresé a mí, cuando sentí una mano palpando un seno, Bruno aun dormido, acariciaba la cima con sus dedos. Sonreí, acerqué una pierna a Luca y regresé a los brazos de Morfeo.

El horario de mi cuerpo todavía no regresaba de Europa, desperté a las cinco de la mañana y ya no hubo poder humano que me regresara al país de los sueños. Fui a nadar, me bañé, y esperé pacientemente a que Bruno y Luca despertaran. Mientras los veía dormir, me regocijé del amor que sentía por ellos. Lo material no importaba, todo lo mío era suyo, mi voluntad, mi cuerpo y alma, todo era suyo. Y por muy contradictorio que fuera, eso me hacía completa, entera por ser de ellos.  

Todavía no encontrábamos un balance, vivíamos juntos, pero no juntos, Teníamos muchas cosas por resolver. Pero mi regalo, simplemente no podía esperar más.

En cuanto vi que Luca intentaba abrir un ojo, me subí a la cama brincando.

- ¡Feliz Navidad!  

La sombra del descanso todavía no desaparecía de sus gestos, cuando les entregué su regalo. Regresé al sillón balanceando mis piernas con las medias de elfo cubriéndolas, no me pasó desapercibido la mirada de deseo por el trajecito. Le di un sorbo a mi té, mientras veía como abrían sus regalos. Incluso en abrir un presente se podía ver la diferencia entre ellos; Bruno destrozó el listón purpura con el que estaba envuelta la caja, mientras Luca deshacía el moño con absoluta calma. Mis dos Gardners, mis dos amores.

Encontrar la manera correcta de dar este tipo de noticias es complicado, se puede usar el método honesto y directo, y se puede usar el método cursi y meloso. Y por cómo estaba cambiando la expresión de su cara, justo en el mismo momento, en la misma medida, creo que acerté con la decisión. Dentro de las cajas, había una barra con la leyenda “positivo” en letras grandes y claras.

Todo dentro de mi flotaba. ¿Era una buena noticia? Para mí lo era. De hecho, era la mejor noticia que había recibido en toda mi vida. Solo esperaba que para ellos también lo fuera. Aunque alguna vez hablamos de ello, nunca se habló de tiempos. Y como yo bien sabia, el tiempo no pedía permiso.

Voltearon a verme con ojos conmocionados, mientras yo confirmaba la noticia con una gran sonrisa.

-Mierda…

Jadeó Bruno, gateó en mi dirección y me envolvió entre sus brazos. Luca simplemente se unió a su hermano arrodillándose a mis pies.

- ¿Estás bien?

Luca no me hablaba a mí, le hablaba a mi vientre emocionado.

-Mierda…

Volvió a susurrar Bruno mientras veía a Luca besar mi vientre. Por unos momentos dejé que la noticia sentara en sus cuerpos, acaricié su cabello, sus mejillas, la de Bruno estaba húmeda, mi sensible Lobito.

- ¿No estas contento, Bruno? ¿No es una buena noticia?

Bruno subió la mirada, incrédulo de mis preguntas.

-Ay, Méri, creo que me va a dar algo. Es la mejor noticia que me han dado en toda mi vida.

Si, definitivamente era la mejor noticia del mundo.

- ¿Te sientes bien, Princesa? ¿No tienes nauseas, mareos?

Luca dejó de besar mi vientre para hablar en un tono rudo que sonaba a ‘estoy a punto de llorar’.

-Me siento genial.

Se sentaron junto a mí, envueltos en una nube de felicidad.

- ¿Tenemos fecha?

- ¿Ya viste a un doctor?

Las preguntas podían seguir por horas, pero yo no tenía ganas de contestar, yo tenía ganas de ser felicitada con un par de orgasmos. La emoción por saber que estaban igual de feliz que yo, requería una celebración con leche marca Gardner. Si de por sí, mi libido era alto, con las hormonas revoloteando en mi cuerpo, eran el pretexto perfecto para dejarlos secos.

- ¿Qué les parece si antes de ponerle nombre, me dan un beso?

Flanqueada como siempre que estaba junto a ellos -no importaba si estábamos en público o en privado, en la cama o en el sillón, ellos siempre me protegían-, me deje querer. Mientras Luca tomó posesión de mi boca, Bruno se hizo espacio en mi cuello, por un momento quedamos atrapados en un abrazo entre los tres, la sensación de felicidad se expandió casi incontrolablemente dentro de mí, ahí supe que el bebé que crecía dentro de mí, era el mejor regalo que les podía dar.

- ¡Oh, Dios!

Cortó el beso, Bruno.

- ¿Qué pasa?

Bruno tenía expresión de terror.

-Hace dos días ya estabas embarazada, ¿verdad?

Mi sonrisa no podía ser más amplia. Inmediatamente la expresión de Luca se unió a la de su hermano. ¡Hombres!

-Justo por eso espere a darles la noticia hasta hoy…

Dije señalando sus caras.

-no me quiero imaginar lo que me espera por los próximos nueve meses. Mucho misionero, y poco jugueteo.

-¿Si podemos tener sexo?

Preguntó Luca.

- ¿Ahora?

Respondió Bruno. Mordí mis labios para no reírme de ellos.

- ¡Por supuesto que sí! El nivel de flujo sanguíneo en el área pélvica aumenta con el embarazo, por supuesto que vamos a tener sexo. Como siempre, de la misma manera.

Aclaré con un poco de vehemencia. Lo que menos necesitaba es que empezaran con el tratamiento de cristal. Una mujer embarazada no está enferma, está en el mejor estado de su vida. Me sentía llena de vida, de energía.

Ninguno de los dos estaba muy convencido, se le veía en los ojos. Había que hacer un cambio de tema rápido.

- ¿Cuándo vamos a decirle a la familia? La mayoría de la gente espera hasta que el primer trimestre termine, por si llega a haber problemas.

-Pero no va a haber problemas.

Aseguró Luca acariciando mi vientre.

-No creo esperar tanto…

Aceptó Bruno dejando caer su cuerpo desgarbadamente y subiendo una de sus piernas a las mías. Esa era una imagen de un domingo cualquiera; Los tres sentados en un sillón o cama o alfombra… con Luca a mi derecha cubriendo mis hombros y Bruno a la izquierda encima de mí.

-estoy teniendo problemas para contener la noticia y no gritarla a los cuatro vientos.

Los tres suspiramos y por un momento dejamos que la noticia asentara en nuestros cuerpos. Cuando hablamos sobre tener hijos, no hablamos sobre lo poco convencional que era nuestro mundo. Ni de la reacción que tiene la gente cuando se enteran de lo inusual que son nuestras familias. Nunca se tocó el tema de quién iba a ser el padre biológico, porque sin hablarlo, sabíamos que no importaba. Los tres íbamos a ser padres, y la genética no tenía nada que ver en el amor con el que íbamos a criar a nuestros hijos. Mucho sabíamos sobre el amor que hay en una familia como las nuestras. Teníamos completa conciencia de los obstáculos y los tiempos difíciles que se viven por ir contra lo ‘tradicional’. Pero también estábamos conscientes de todo lo bueno que se le podía dar a un bebé, o dos, o tres… Mis hijos iban a tener suficiente amor para esta vida y la que seguía, fuerza, inteligencia para poder lidiar con cualquier cosa que se atravesara en su camino.

-La gente va a suponer que el bebé es de Luca.

Dejé caer mi cabeza que pronto estuvo acompañada por otras dos, me gustaba mucho eso, que siempre estuvieran a mi lado.

Bruno asintió ligeramente. 

-Sí, lo sé…

Y encogió los hombros.

-Pero no importa lo que la gente piense, lo único que importa es lo que nosotros pensemos, y nosotros sabemos que este bebé tiene un padre malhumorado, y un padre inteligente, divertido y guapo.

Acarició mi vientre con el mismo cuidado con el que se acaricia una flor, ¡Dioses, como amaba a este par!

-Voy a tratar de que las cosas se mantengan como hasta ahora. La seguridad, la prensa, que todo se mantenga en su lugar. El único problema que veo, es que dentro de poco, voy a parecer hipopótamo y nadie va a querer tocarme.

Sus carcajadas sacudieron el comentario.  

-Creo que no tienes la menor idea de lo que es estar enamorado de ti, Méri. Cada célula del cuerpo dice que eres mía, que yo soy tuyo, esa clase de amor cambia la vida. Parecer hipopótamo no es un problema, créeme.

Bruno a veces podía ser tan romántico.

Empezaba a sentir esa necesidad absurda de tenerlos dentro de mí, cuando se escuchó el timbre de mi celular, por un momento pensé dejarlo sonar, pero después sonó el de Luca y el de Bruno; La familia llamaba. Mas valía ir a su encuentro, sino queríamos que su familia, y la mía, invadieran nuestro pequeño santuario.

-Ya vamos.

-Toda la familia está esperando por ustedes. No me dejan abrir mis regalos.

Fue la queja de mi pequeña hada.

Salí del anexo con las manos de Bruno en mis caderas, en cuanto tuvo oportunidad me dio una nalgada lo suficientemente fuerte para hacerme saber que, con él, las cosas iban a seguir igual. El que me preocupaba un poco era Luca, que nos abría el paso entre la nieve con mi mano entre la suya, desde hacía un rato no decía palabra y veía con mucho detenimiento el jardín cubierto de nieve.

Entramos al salón principal del palacio con una gran sonrisa, no era extraño que sonriéramos, lo raro es que lo hiciéramos tal abiertamente.

- ¿Qué pasa? ¿Qué les regalaste?

Preguntó Diana un poco a la defensiva. Diana no terminaba de aceptar que sus hijos menores se enamoraran de mí, no sé si era porque llegar a este punto nos tomó un par de años, o porque yo era una Northman-Carter Jones y siempre iba a tener más dinero que ellos. Por mucho que le doliera a su ego, mi cuenta bancaria era considerablemente mayor a la de sus hijos. Afortunadamente sus hijos lo aceptaban mejor que ella… la mayoría de las veces.

-No les regale nada.

Aseguré acercándome a mi hermano. Algo extraño paso en mí, porque sentí la necesidad de estar cerca de él, seguramente eran las hormonas. Lo tomé del brazo y me recargué en su hombro, Kurt aceptó mi abrazo con un beso en la frente, el espíritu de la navidad nos estaba afectando, Kurt y yo pocas veces demostrábamos cariño entre nosotros.

- ¿Qué pasa?

Ahora fue el turno de Kaira, eso me pasaba por ser cariñosa con Kurt. A mi Ami era difícil que se le fuera algo, y, a decir verdad, me sentía un poco culpable de no darle la buena noticia, pero este no era el momento, todavía no estaba lo suficientemente alcoholizada para saber que iba a ser abuela.

Después de darse cuenta que de mi boca no iba a obtener información, volteó a ver a Luca y a Bruno. Enseguida aposté por quién iba a ser el eslabón débil de la cadena, Bruno sonreía como idiota revolviéndose el cabello y esforzándose por no estallar de la emoción, para mi sorpresa, fue Luca el que se acercó a su madre y sin decir palabras la abrazó. Fue un abrazo fuerte, de esos que te dejan sin aliento y con un gran sabor de satisfacción. Bruno dio un salto y antes de darnos cuenta abrazaba a Viri -era la persona que encontró más cerca-. La sensación de saberme amada por ellos era algo indescriptible; Era seguridad, protección, aceptación, respeto, cariño, era todo en uno y multiplicado infinitamente.

- ¡¿Qué pasa?!

Fue la pregunta en general.

- ¿Sophie?

El entrecejo de mi hermano era muy profundo, el pobrecillo necesitaba alejarse de esos gestos sino quería terminar como un Shar Pei y ser adoptado por Viri.

Solo por el bien de su cutis, me acerqué a su oído y susurré:

-Estoy embarazada.

-Oh, mierda…

Sentí claramente como el aire abandonaba el cuerpo de mi hermano.

-mierda…

Volvió a susurrar tomando mi cara entre sus manos. Le sonreí medio asintiendo, Kurt tenia exactamente la misma reacción que yo tuve cuando vi las dos rayitas rosas unos días antes, sobre todo, por la gran sonrisa que ahora enmarcaba su cara.

En cuanto me abrazo, una suave ola de cariño se expandió por todo mi pecho, me dio un beso húmedo con lágrimas de felicidad y me pasó a los brazos de mi madre.

Las mujeres tenemos tantas cosas por disfrutar en esta vida, no solo procrear. Así me educó mi madre, mis padres, nunca nadie me preguntó: Y niños, ¿para cuándo? Solo se me enseñó a amar, a apoyar, a estar orgullosa de mi misma, mis logros, y cualquiera que mis decisiones fueran. Dependía de mi misma para ser feliz y sentirme completa, tal vez por eso disfrutaba tanto del amor de Luca y Bruno, porque sabía que ellos eran parte de mi por convicción, no por obligación. Porque la noticia de un nuevo ser amplificó el amor que sentía por ellos y por qué no decirlo, por mí misma. ¡Estaba creando vida! En este instante, dentro de mí, un milagro se creaba. Y Kai sabía bien, la maravilla que era eso.

- ¡Oh, Dioses! Mi Princesa va a ser mamá.

La felicidad salía por cada uno de sus poros.

-Te voy a decir un secreto, Princesa…

Me abrazo más fuerte y acercándose a mi oído, susurró:

-No hay mejor estado en una mujer, que el estar embarazada. Disfruta cada mareo, cada cambio en tu cuerpo, absórbelos y guárdalos en tu corazón. Si todo sale como tiene que salir, dentro de poco vas a saber lo maravilloso que es tener entre tus brazos, a alguien como tú.

Empecé a sollozar sin control recargada en su hombro. Poco después sentí los brazos de Alex cubriéndonos, y después los de Owen. Bajo la sombra que creaban las lágrimas en mis ojos, atestigüé como en el hermoso salón del palacio reinaban los abrazos, las lágrimas de felicidad atraídas por un nuevo ser.

Para mi sorpresa, mis padres no se ofendieron por no ser los primeros en saber la noticia.

-Es tu familia, Princesa, a nosotros solo nos toca consentir al nuevo heredero.

-O heredera.

Agregó Kaira a el comentario de Alex. Owen seguía sin dar crédito que su Princesa iba a tener un bebé.

Cuando Diana se acercó a mí, lo último que esperaba era un:

-Gracias.

Levantó la mano y por primera vez acarició mi mejilla. Sus ojos denotaban pesar, y yo no tenía la menor idea de por qué.

-No, Diana, no tie…

Con los ojos me pidió silencio, accedí sin rechistar. Mi relación con Diana siempre fue… complicada. Por un lado, era la mejor amiga de mi Ami, y por el otro, la protectora madre de mis Gardner. Los sube y baja de mi relación con sus hijos no le creaba gracia, y siempre me lo hizo saber. Con un gesto, una mirada, nunca abiertamente, pero yo bien sabía que no era su persona favorita.

-Perdón…

Su voz empezaba a quebrarse. Mi instinto tomó acción, la abracé y besé, en este momento el pasado no poseía ninguna importancia, lo importante era el futuro.

-Vas a ser abuela.

Le sonreí y con eso todo quedo olvidado.

Actuábamos como si el bebé fuera el primero de la historia, aunque para nosotros lo era. Por más que intenté llevar la conversación a otro tema, todos regresaban al bebé.

Para cuando regresamos al mini palacio, la relación entre Luca, Bruno y yo ya había pasado a una siguiente etapa, una más profunda, más cercana, y mucho más íntima de la que ya teníamos. Antes de poder deshacerme de todo el maquillaje, Bruno llegó al baño de mi habitación con las manos llenas de sus productos de limpieza. Salí del baño para darle espacio a que se acomodara y me encontré a Luca revolviendo mis cajones para hacerse un poco de espacio. En silencio observe feliz como terminaban de invadir mi espacio.

Cuando me deslicé bajo las sabanas, temblando un poco por el frio toque del fino algodón sobre mi piel, fui más consiente de la hermosa presencia que eran ellos en mi vida. Ambos cuerpos rápidamente me envolvieron con su calor, pronto me rendí al placer que producían sus cuerpos en mí. La mano de Luca se recargó en mi vientre con mucho más cuidado que días anteriores, aunque también con mucha más devoción.

-Es increíble que tengas a una personita aquí.

Mi vientre seguía plano, pero lleno de vida.

-Lo sé… todavía no termino de creerlo.

El beso de Bruno en mi hombro empezaba a quebrar mi compostura, lágrimas sin sentido se formaban en mis ojos, creo que todavía estaba en shock o simplemente las hormonas empezaban a transformar mi cuerpo. Yo no era precisamente llorona.

- ¿Te sientes mal?

La pregunta de Bruno venia acompañada con la misma preocupación que la mirada de Luca.

-No, no… ¡Dioses! Creo que me voy a convertir en una llorona.

Ambos sonrieron y empezaron a besar mi cara, mi cuello, la humedad de mis mejillas pronto viajó a mi entrepierna. Me encantaba la respuesta que tenía mi cuerpo a sus caricias, me convertía en carne hambrienta por ellos.

La mano de Bruno rozó mis senos y por reflejo me queje, definitivamente estaban más sensibles.

- ¡¿Te hice daño?!

¡Uy, no! Si no tenía cuidado esto se podía convertir en nueve meses de sequía.

-Vamos a aclarar algo antes de que me conviertan en una Princesa de cristal. Mi cuerpo está cambiando y supongo que se va a volver más sensible, pero de ninguna manera voy a dejar de tener sexo… Como me gusta. Con los dos al mismo tiempo y por todos lados, ¿estamos?

Vi la duda, tal vez miedo en sus ojos. Era normal, yo también tenía miedo a lo desconocido, pero no hay mejor manera de vencer los miedos, que afrontándolos. Giré mi cuerpo dándole la espalda a Luca, él era más delicado con la puerta trasera de mi cuerpo, Bruno a veces era medio… bruto. Retiré mi cabello de la espalda y me recargué por todo lo largo del atlético cuerpo de Luca, su reacción fue instantánea, se le sentía muy duro por todos lados. Ya con las manos, piernas y boca de Luca sobre mi cuerpo, llevé mi mano por la musculosa piel de Bruno hasta que llegué a la endurecida entrepierna. A tientas busqué la de Luca y finalmente pude sentir la increíble energía de sus cuerpos entre la palma de mis manos. Jadeos remplazaron las dudas, los miedos, fuertes caricias, desgarradores besos nos separaron del mundo.

Terminamos de hacer los ojitos, las piernitas y los piecitos del bebé. Pasamos la noche de Navidad fortaleciendo la conexión, tratando de sostenernos mientras el mundo se destruye. Como familia. Agradeciendo que vivimos en un tiempo y en un lugar donde podemos amar libremente. Perdonando los errores pasados, los presentes y los que seguramente iban a suceder. Festejando el amor que sentíamos entre los tres. Y por la llegada de un nuevo ser.

Amar y ser amado, ¡qué gran privilegio tenemos los seres humanos!

@

 

 

¡Feliz Navidad, preciosas!

Me gustaría tomar un minuto y expresar mi gratitud por todo el apoyo y cariño que me han brindado a lo largo del año. Mi sueño de escribir no sería posible sin Ustedes. Gracias.

La Navidad es especial, creo firmemente en que el propósito de esta vida es ser feliz, y en esta temporada, aflora.

Abracen a su familia extra fuerte. Amen a sus semejantes más que a sí mismos. Den a alguien en necesidad. Hagan cualquier cosa, lo que ustedes crean, pero que ese enorme musculo dentro de su pecho se llene de felicidad. Les aseguro que vale la pena.

¡Feliz Navidad! 

¡Y un abundante, romántico, amoroso, extraordinario 2017!

Con todo cariño, Azminda

© 2023 by Azminda Cancino

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